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Sabemos
que durante el Neolítico y la Edad
del Bronce se asentaron en este solar poblaciones
perfectamente organizadas socialmente, como
lo demuestra la presencia de los Dólmenes
de Menga, Viera y El Romeral, los
más renombrados de todo el mundo prehistórico.
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Dólmen de Menga |
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En
el conjunto andaluz de ciudades monumentales,
Antequera destaca por la amplitud de su secuencia
histórica conservada. Además,
su localización la convierte en enclave
paradigmático del concepto romántico
de ciudad del sur español: al pie de
la agreste Sierra de El Torcal
y dominando la inmensa llanura de una fértil
vega en la que emerge la enigmática
roca antropomórfica de la Peña
de los Enamorados. |
Peña de los Enamorados y Alcazaba |
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El conjunto urbano, configurado lentamente
durante siglos, se asienta sobre la ladera
de la vieja acrópolis que conforman
las murallas de La Alcazaba y la mole plena
de renacentismo culto de la Real Colegiata
de Santa María La Mayor. El
paso de Roma por Andalucía nos legó
el municipio de Antikaria, históricamente
algo enigmático y arqueológicamente
testificado por una interesante serie epigráfica
y en la realidad construida de las Termas
de Santa María, del Ninfeo
de la Carnicería y de la Villa
Monumental de la Estación. |
Arco de los Gigantes |
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Pero, sin ninguna duda, el gran legado romano
de la ciudad es el llamado Efebo de
Antequera, bronce romano del siglo
I inspirado en modelos griegos, que pasa por
ser la escultura de bronce clásica
más bella de las conservadas en España.
La Antequera islámica o Madina Antaqira
resulta fácil de evocar en las murallas
conservadas de su antiguo recinto, dispuesto
de dos anillos defensivos. En el año
1410 el Infante Don Fernando
"El De Antequera", decide dar un
nuevo avance al proceso de reconquista. Su
decisión es tomar la plaza de Antequera,
culminaría el 16 de Septiembre de aquel
año. |
Efebo de Antequera |
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La Antequera castellana experimentó,
con cierta rapidez, una imparable explosión
demográfica que en el S. XVI
y XVII, la convirtieron en un importante
centro económico y comercial. En esta
realidad histórica surge la ciudad
renacentista y barroca que todavía
permanece en sus iglesias parroquiales y conventuales,
en sus palacios, en sus capillas y en otros
tantos detalles.
Del período renacentista destaca el
conjunto de iglesias que conforman los templos
de Santa María la Mayor,
San Pedro, San Juan,
y San Sebastián. Sin
embargo el estilo que más define a
la ciudad es el barroco. Tanto en sus torres
y espadañas, como en la infinidad de
portadas y en los interiores ultradecorados.
Es más, para este período se
puede hablar de un barroco genuinamente local,
que satisfacía las demandas, a través
de sus numerosos talleres. |
El Torcal |
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